9 claves para la gestión de la complejidad en las empresas

Lo más probable es que ya lo estés experimentando. Nos encontramos en un contexto incierto y cambiante, en el que te toca gestionar niveles de complejidad en las organizaciones muy superiores a los de hace unos años. Esta complejidad viene dada por aspectos sociales, tecnológicos, políticos, profesionales, sanitarios, económicos, relacionales…

Me atrevería a decir que yo vivo, sufro y disfruto de esta complejidad prácticamente a diario. En algunos momentos tengo la sensación de estar sobrepasado por la misma (como esas olas que no te esperas y que te dan un buen revolcón en la orilla de la playa), y en otros momentos siento poder lidiar razonablemente bien con ella, con un balance equilibrado entre las dificultades y las oportunidades que también conlleva.

En el ámbito organizativo, desde mi perspectiva, ese alto nivel de complejidad viene de la mano de los siguientes factores:

  • Alto nivel de incertidumbre (a pesar del volumen de información)
  • Baja predictibilidad (a pesar de la tecnología de gestión de datos)
  • Interrelación enorme entre diversos factores (apariencia de caos)
  • Alta volatilidad (ritmo exponencial de cambio)
  • Complejidad de los patrones de comportamiento (apariencia de aleatoriedad)

Desde la experiencia en la gestión de la complejidad interna y en la de acompañar a otras organizaciones, me atrevo a compartir algunas pautas concretas que considero útiles a la hora de abordar de manera efectiva esos altos niveles de complejidad.

1. Combinación de pensamiento racional y pensamiento intuitivo

Ambos tipos de pensamiento se complementan y son necesarios para captar y comprender las sutilezas y matices de nuestro momento actual.

2. Apoyarse en equipos diversos, potenciar la colaboración

La complejidad se aborda de manera más efectiva incluyendo perspectivas divergentes que se complementan y colaboran, como contrapartida al pensamiento único y clónico.

3. Asegurarse de trabajar con focalización total

La presencia total en lo que estamos haciendo en cada momento (es decir lo opuesto al tan conocido multitasking) deviene fundamental en contextos complejos en los que la clave para el éxito o el fracaso puede estar en matices o factores no explícitos.

4. Visión global (pensamiento sistémico)

Más importante que cada uno de los factores relativos a una situación o un reto, lo son las relaciones e interconexiones que se establecen entre los distintos elementos, y el impacto que éstas tienen en el conjunto del sistema.

5. Planificar (anticiparse), pero con total flexibilidad

Buena parte de los retos complejos que tenemos que afrontar, empezaron a aflorar de forma sutil quizás hace semanas o meses. Si estamos continuamente en la tiranía de lo urgente, no podremos anticiparnos y gestionar las tendencias emergentes, cuando aún no se han convertido en emergencias.

6. Tolerar el aprendizaje “a posteriori”

Por muy bien que lo hagamos y muy listos y listas que seamos, en un entorno tan complejo, nos vamos a equivocar. La capacidad de decidir y actuar con agilidad, aceptar con naturalidad los errores, y aprender de forma rápida y efectiva resulta crucial en este contexto.

7. Cuestionamiento crítico constructivo

¿Qué ha funcionado muy bien? ¿Qué podría haberse hecho mejor? ¿Qué he aprendido en este proyecto, trabajo, etapa…? son preguntas que son útiles en cualquier entorno pero que pasan a ser imprescindible en contextos de alta complejidad.

8. Pensamiento flexible

Las ideas fijas son una barrera y un hándicap para el abordaje de contextos complejos. Nos dificulta mucho la colaboración, y la adaptación de la gestión a los altos niveles de cambio e incertidumbre con los que tenemos que lidiar.

9. “Leer y escuchar” al entorno

Buena parte de lo que ocurre, no puede ser detectado o previsto en una reunión de reflexión estratégica. Esas señales sutiles, emergentes y no especialmente claras ocurren cada vez más en la interacción en el día a día con los clientes, proveedores, entre las personas que colaboran en los equipos de trabajo… Solo desde una actitud de observación y escucha profunda, podremos detectarlos, tenerlos en cuenta y abordarlos de forma efectiva.

Una vez comentadas estas 9 claves para gestionar la complejidad, te invito precisamente a hacer una reflexión crítico constructiva de cómo te ves respecto a los mismos, y que empieces a potenciar aquel aspecto que te parezca más necesario en tu caso en el momento actual.

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